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Gracias, Papá Abraham. Gracias, Sporting Cristal

Por Aldo Alvarado

Desde muy pequeño, yo me hice hincha del Sporting Cristal. Mi padre era del barrio del Rímac, igual que toda la familia Alvarado: el Barrio Obrero del Remitente. Ahí, a dos cuadras del puente Santa Rosa, frente a la piscina, él me dijo que era hincha de un equipo de color celeste llamado Sporting Cristal. ”Justo aquel que juega en televisión en este momento”. Desde que lo vi, me gustó mucho la forma de las medias. Eran blancas, con dos rayas gruesas celestes, de un material muy parecido al paño.

Eso me gustó mucho, así como esa camiseta celeste pálida, porque en ese momento Cristal tenía la camiseta celeste clara. No era un celeste tan fuerte como el que se usa en la actualidad. En ese equipo tapaba Ramón Quiroga y, justamente, ya venía dando que hablar como portero de la selección. El día del partido Perú – Escocia, él tapó un penal y yo me sentí tan emocionado que certifiqué que el equipo que yo había escogido, y que había sido el que mi padre amaba, era el correcto: el Sporting Cristal.

Posteriormente seguía al equipo por radiotransmisores. Siempre escuchaba sus partidos, ya que mi padre era muy poco de asistir al estadio y yo era muy pequeño para ir solo. Cuando había partidos transmitidos por televisión, me sentaba junto a mi antiguo televisor a blanco y negro y de cuatro patas largas a ver los partidos del Sporting Cristal contra Alianza Lima o contra Universitario. También en Copa Libertadores, como la del año 1980, en que injustamente River Plate nos voltea un dos a cero con un arbitraje nefasto del chileno Gastón Castro. Más adelante, yo ya era un jovenzuelo universitario que podía ir a ver al Sporting Cristal al estadio.

Un día, cuando jugaba contra San Agustín, en el año 87, fue muy especial para mí. Se me acercaron Martín Avendaño, Aldo Celis y César Vásquez. Me dijeron: “Oye, brother, tú gritas mucho. ¿No quieres pertenecer a la barra y alentar con nosotros?”. Para mí fue algo muy grato y sorprendente que me vieran y me dieran la oportunidad de pertenecer a tan gloriosa hinchada —es cierto, éramos muy pocos— de señores respetables y entusiastas que alentaban con paletas de madera, aplausos, pitos, tambores con timbales y triángulos de camión de basura, pero con mucha alegría, fervor y pasión. De repente, yo era uno de ellos. Ese hincha fue creciendo y volviéndose incondicional. Y esa entusiasta, bullanguera y guerrera hinchada, se multiplicó por millones gracias al trabajo de aquellos equipos que consiguieron muchos campeonatos nacionales. Ahora, ad portas de lograr la estrella 19 —que ojalá Dios permita que se dé—, estoy muy contento, porque es la primera vez que se puede lograr un título frente a un clásico rival a estadio repleto de hinchas celestes.

Siempre fuimos minoría frente a ellos, ahora seremos mayoría. Les pido, queridos hermanos celestes, que vayan al estadio todos con la camiseta del Sporting Cristal, con la CELESTE de cualquier temporada, pero la CELESTE y no la alterna. Y los que no puedan asistir, júntense en casas a verlo en familia o con amigos: todos con los polos del Cristal. Y si Dios permite celebrar el título el domingo, acudir en masa a La Florida, al parque La Bomba, para darnos todos un gran abrazo y una gran alegría. Siempre con mesura y moderación. Recuerden, somos hinchas de Sporting Cristal. Somos hinchas del mejor equipo del Perú. Somos hinchas del ejemplo, somos hinchas de la Raza Celeste. Demostremos ello, festejemos con pasión y alegría, pero sumamente respetuosos con los rivales, porque eso nos diferencia de los demás.

Los espero el domingo. Deseo que ese día culmine el campeonato con el gran título número 19 que mi padre aplaudirá desde el cielo. Salud, Cristal querido y amado, equipo de toda mi vida, a quien siempre alentaré, ya que simplemente tengo orgullo de ser celeste. ¡Nos vemos, campeones!

 

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