Oswaldo Cuadros Lazo, el peón del deporte

Oswaldo Cuadros Lazo, el peón del deporte

Por Alberto Benza

Dicen que un peón bien jugado vale más que cualquier otra pieza del ajedrez. Siempre va para delante, no retrocede. Cuando coronas al peón, puedes cambiar dama por peón. Así es don Oswaldo Cuadros Lazo, un periodista frontal, que no le tiene miedo a la verdad, simplemente dice las cosas por su nombre. Trabajó en el Canal 11. Fue editor en los diarios Última Hora, La Prensa, El Comercio, Expreso, Extra y actualmente colabora en el diario digital Crónica Viva, creador de su famosa columna «Guerra Fría». También fue autor del especial «¡Fuerza Cristal!», en el diario Expreso.



¿Cuándo y dónde nació, don Oswaldo?

-Yo nací en Arequipa, el 7 de abril de 1931. Viví un tiempo en la Ciudad Blanca y otro gran tiempo en la Ciudad de los Reyes. Muy feliz de estar en Lima, porque me ha dado nueve hijos: ocho varones y una mujercita. Además, una extraordinaria esposa. Y feliz de haber estado en Arequipa, porque ahí me inicié como periodista.



¿Dónde estudió periodismo?

-Nunca estudié periodismo, soy abogado y pedagogo de profesión. En la Universidad de San Agustín de Arequipa no había facultad de Periodismo. La mejor enseñanza la recibí en Lima, en el año 1957, cuando Pedro Beltrán (entonces director de La Prensa), en un concurso nacional, trajo a los que él consideraba los mejores corresponsales. Era un ciclo de capacitación que dictaba el diario.



¿Cómo fueron sus inicios como periodista?

-Me inicié en los diarios El Pueblo, El Deber y Noticias, y como corresponsal en La Prensa, que posteriormente contrata mis servicios. Me traen a Lima el primero de octubre de 1961 y me acreditan en el área de edición y jefatura de deportes, en el desaparecido vespertino Última Hora.



¿Cómo se identifica con el club rimense?

-Te voy a decir, con mucha honestidad, que yo soy cervecero; primero porque me encanta la cerveza, que es riquísima, y segundo por las circunstancias: yo vine a vivir a la Alameda de los Descalzos, calle Manco Cápac 233, al lado de las actuales oficinas de la Corporación Backus. Ahí me compré una casita, porque tuve la suerte de haberme sacado la lotería. Así que, obligatoriamente, yo era bajopontino, celeste. Le tenía afecto al Sporting Cristal. Concurría a los entrenamientos. Poco a poco le fui tomando cariño. Además, el tercero de mis hijos es recontra fanático del Cristal. ¿Pero sabes cuándo me hice hincha del Sporting Cristal? Fue cuando conocí a Jorge Donayre Belaúnde, mi maestro. En la redacción de Última Hora nos juntábamos Jorge Donayre (colaborador del diario), Augusto Moral y quien te habla. Yo tenía la jefatura de deportes y Augusto Moral la de edición. Conversábamos del Cristal por largas horas.


Don Oswaldo, usted que ha investigado la historia del Sporting Cristal, ¿podría decirnos cómo nace el club?

-Con el nacimiento del Sporting Cristal se produce el advenimiento a nivel nacional, se puso la primera piedra angular sobre lo que debe ser una institución deportiva. Cristal nace sin tener problemas económicos, con una capacidad de dinero que le permitió maquillar un equipo con gente que no había nacido en el Rímac. La gran señora Esther Grande de Bentín tenía su escuelita de fútbol. Atraía a los niños, a los hijos de los trabajadores de la Backus. Ahí se empezó a desarrollar la base e infraestructura, fue creciendo una institución completamente diferente. Yo sentía afecto y admiración por ese trabajo. Así como en la Alameda de los Descalzos hay amapolas que están creciendo, también hay semillas que dieron su fruto gracias al trabajo sostenido de la señora Esther, a quien yo le tengo una tremenda veneración, porque fui testigo de cómo hacía obra. A los niños les inculcaba querer las letras del club, formar cada una de ellas y corear ¡Fuerza Cristal! Yo iba en ese entonces a los entrenamientos del Sporting, porque me sentía identificado y tenía muchos amigos. Muchas veces fui a almorzar al club, comía la carne uruguaya que llevaba el gran jugador e ídolo Antonio Sacco. Te cuento una anécdota: en mi primera etapa en el diario Extra, el equipo de redacción jugó un partido con el Sporting Cristal. Teníamos un redactor menudito, apellidaba Chang. Era muy bueno. En pleno partido le hizo la bicicleta al creador (Antonio Sacco). Este se ofendió. Le dijo: «¡Eres un atrevido!», y le dio una cachetada. Yo me acerqué y me dijo: «¿Cómo me va a faltar el respeto de ese modo, don Oswaldo?». Al final quedaron como amigos y les saqué una nota a los dos.



¿Qué jugadores fueron ídolos en los inicios?

-Yo me quedo con Rafael Asca y Antonio Sacco. Don Rafael no fue solamente un extraordinario portero, también un hombre singular. Fue un maestro del pórtico. Muchos alumnos se forjaron con sólo verlo. Era muy seguro. Tenía una buena vista. Era valiente, como debe ser. Tenía todas las facetas de un portero moderno adelantado al tiempo. Jugaba con el delantero y propiciaba jugadas de gol. Cómo olvidar a Rafael Asca, ídolo del Cristal. Cuando me tocó trabajar en la televisión, debuté haciéndole una entrevista. No lo quiero comparar con nadie, pese a la calidad de los elementos que han desfilado por el Cristal y aquellos que van surgiendo de sus propias raíces. Fue el mejor de todos los tiempos, campeón con Cristal en el 56 y en el 61, arquero y figura de la selección nacional.

Antonio Sacco era un bandido, y te digo que Lima no lo vio en el esplendor de su fútbol. Vino ya maduro. Era demasiado inteligente. Alguna vez, para tratar de explicar su famosa jugada (la bicicleta), dije que la materia gris se le había trasladado a las extremidades inferiores y que él pensaba con los pies. Tenía maestría, una manera singular de jugar. Para realizar esa bicicleta había que tener una gran habilidad, dominio del esférico. Domesticaba al cuero, como yo solía decir. Tenía los ojos abiertos y la mente despierta. Fue un hombre muy equilibrado. No era violento fuera del campo, pero en la cancha era un fosforito. Supo corresponder a lo que por él pagaron. Lástima que no surgieron otros como él. Hay que decir que en su primera participación, Sporting Cristal fue campeón, un campeón con aroma de tabaco, pero indudablemente con corazón bajopontino.



¿Qué recuerdos tiene de Alfredo Cavero Piaggio, el primer capitán celeste?

-Yo le debo mucho, porque me dio datos. Me dijo: «Tienes que hacer la historia del Sporting Cristal». Una pena que surgiera un inconveniente a nivel del diario, porque eso no permitió terminar mi misión. Ahora es mi revancha. Tengo la revista Sentimiento Celeste a mi disposición. Yo me siento un poco dueño y un poco integrante. Cavero fue un tipo limpio, transparente. Yo no sé cómo hay determinadas personas que te entregan lo que es suyo, lo que es su vida, para que tú desarrolles. Él nunca me ocultó absolutamente nada. Cuando supe que él estuvo enfermo, me dio mucha pena. El dolor inmenso fue no haber tenido la oportunidad de verlo para agradecerle por todo lo que hizo por mí. Fue un gran periodista, un gran jugador. Llegó a jugar en el América de Cali.



Nos contó que era amigo del dirigente Augusto Moral

-Un gran amigo. Lo conocí en el diario Última Hora, donde yo trabajaba. El primer día que nos vimos, le dije: «¿Qué haces acá?». «Yo soy tu jefe», me dijo. Te cuento, yo hacía periodismo y no sabía cómo se llamaba el presidente de la Federación Peruana de Fútbol, lo que te demuestra que yo nunca, a Dios gracias, tuve la necesidad de recurrir a ellos, salvo en las oportunidades en que era necesario hacer una entrevista. Pero de ese señor no supe ni su nombre y realicé una tenaz campaña en su contra, porque sus estatutos no servían. Encontré cosas negativas y di un plazo de diez días para que el autor de los estatutos renunciara si tenía un poco de dignidad en su fuero interno. Cuando acabó la campaña periodística, Augusto Moral me dijo: «¿Tú sabes en lo que te has metido? Ahora que llegues al periódico te vas a encontrar con una carta donde te están suspendiendo indefinidamente». El autor del estatuto era el director del diario y yo en su periódico le estaba sacando la mugre.



¿Conoció a los esposos Ricardo Bentín y Esther Grande?

-A mí no me gusta pregonar, pero ellos fueron mis padrinos de matrimonio. Me casé el 9 de diciembre de 1961. Las cosas grandes uno las guarda en su corazón. Les tengo gratitud. Todo el mundo quería tener una relación con ellos, todo el mundo quería darse el gusto de conocer a gente tan generosa, tan humana. Yo tuve la suerte y me acuerdo mucho de un almuerzo en la cuadra 13 de la av. Benavides. Conversé de fútbol con Josué Grande, con don Ricardo y con doña Esther. Justo ese día se me acercó doña Esther y me dijo: «Tú estás trabajando en el canal 11, no tienes un comercial de la Backus». Y al día siguiente yo tenía la publicidad por decisión de doña Esther. Le tengo mucha gratitud. Siempre fui débil, no me gusta ver a los niños desamparados, a los ancianos que no tienen un pan para comer. Yo le sabía llevar problemas a doña Esther. Ella siempre los solucionó. Te cuento lo que pasó con Moisés Barack. Él estaba muy mal, a punto de morir, y cuando doña Esther se enteró, le dijo: «Moshé, ahí pon la cantidad que tú quieras». Sería bonito que fueran a la casa de Moshé, ahí está el cheque. Nunca lo gastó, nunca lo cobró. Admirable doña Esther.

Hay que reconocer dos detalles de la familia Bentín para México 70: el primero fue ceder al entrenador Waldir Pereira «Didí», siendo entrenador de Cristal, para que dirija a la blanquirroja, y totalmente gratis. Ellos le pagaban el sueldo para bien de la selección nacional. Dime, ¿quién más ha hecho eso? Nadie. El segundo detalle de esta pareja de oro fue repatriar a los jugadores en 1977, fue un esfuerzo valedero. En el 77 se quería campeonar porque en el 76 había fallecido doña Esther, y ese año el campeonato nacional llevaba su nombre. Los esposos Bentín tuvieron otra dimensión. Fueron mucho más que dirigentes, fueron gerentes del acontecer deportivo. Sporting Cristal no era solamente fútbol, también apoyaba al atletismo, vóley, básquet, boxeo, béisbol. Yo jugué bochas en el club. La dupla Bentín Grande no se repite, es de diamante.



Cuéntenos una anécdota con los esposos Bentín.

-Esto fue en casa de don Ricardo Bentín. Hacía mucho calor y me dijo: «Voy a pedir una buena cerveza». Y bueno, trajo una buena cerveza: ¡una Pilsen Callao! Le dije: «Don Ricardo, ¿por qué no tomamos una Cristal?». «Qué voy a hacer, a mí me gusta la Pilsen», me dijo sonriendo. Esto se lo hizo a muchos. Él siempre quiso comprar la cervecería Pilsen. Y mira, ahora pertenece a la corporación Backus.



¿Qué recuerdos de Didí?

-Fue el hijo preferido de los esposos Bentín. Para mí fue un gran jugador, creador de la folha seca. Como entrenador fue psicólogo, filósofo. Sabía compenetrarse con los jugadores, ¿o cómo tú te explicas los dos goles de Cachito Ramírez en Buenos Aires? Didí se amaneció con Cachito diciéndole: «Tú recibes la bola, te echas a correr y disparas». ¿Cuántas veces disparó Cachito Ramírez? Un montón, pero acertó dos veces y se convirtió en el jugador inmortal del fútbol. Fue un gran delantero que vistió la celeste. Él campeona en el 68 con Cristal, y esa fue la demostración a los esposos Bentín de que había gratitud en él. Fue como decir «me dieron y en agradecimiento doy un título». Y no olvidemos que él pulió a Gallardo. Sabia transmitir sus enseñanzas al jugador, le hacía sentir que era necesario. Creo que eso es lo que un buen entrenador debe inculcar a un jugador que está bajo su responsabilidad. ¿Para qué quieres jugar fútbol si no sabes manejar las dos piernas, si no sabes cabecear, si no sabes pensar y fundamentalmente si no tienes agallas ni corazón? Hay que tener ciertamente lo que ponen las gallinas.

Hablando del equipo de Didí, y a pesar de los campeonatos del 56 y del 61, aquí ya se logró la identidad que tanto se buscaba.



¿Cuál es el mejor jugador de Sporting Cristal en toda su historia?

-Podría nombrar a dos: Rafael Asca, el mejor arquero de Cristal, y Julio César Uribe, el Diamante Negro. Ese apelativo se lo puso el periodista argentino Eduardo Rafael, de El Gráfico. Uribe fue un extraordinario jugador, un ícono, un genio. Fue bicampeón en el 79-80 y campeón en el 88 y en el 91 con Cristal. Yo te aseguro que, si se viste de corto actualmente, estaría por encima de las dimensiones de otros valores. Fue el tercer mejor jugador, detrás de Maradona y Zico. Le dieron el «Gráfico de Bronce». Se lo entregó Santiago Saccol, presidente en ese entonces de Racing Club. Fue extraordinario; el mejor, sin duda.



Aparte de los jugadores Asca, Sacco y Uribe, ¿quiénes fueron ídolos en Cristal?

Alberto Gallardo, que más que jugador fue un atleta, un velocista. No tenía puntería, pero Didí lo fue puliendo y llegó a ser goleador en el 61 y 62. Jugó en el AC Milan de Italia, en el Palmeiras. Fue un gran señor dentro y fuera de las canchas. Una lástima su partida, porque fue forjador de varios valores del Cristal. Hasta hoy en día es irremplazable.

Orlando La Torre, que era guapo para jugar. Una vez que fui a entrevistarlo a su carro, abrí la guantera para dejar mis cosas y tenía una pistola. Me dijo: «Como soy tan querido, la llevo conmigo porque me paran robando». Qué tal jugador, campeón en el segundo sorbo del Cristal: 1961, 1968, 1970 y 1972. Una vez, en un partido contra Chile, sacó de la cancha al chileno Sergio Ahumada, que había dicho que éramos unas gallinas. Chito lo saca y, cuando el chileno estaba muriéndose de dolor por la barrida, se acercó y sutilmente le pisó la pierna diciéndole: «¿Así que somos gallinas?», y lo partió. Era un jugador con coraje, no se guardaba nada. Después del mundial de México 70, Chito me confesó que le pegó a Didí porque modificó la estructura del equipo. Ese partido contra Brasil hubiera tenido otro resultado; no te digo que victoria, pero no se bajaba del empate. Ganó un montón de plata con el restaurante México 70. La gente iba como no tienes idea. A mí me decía: «Tú puedes venir con mil o con un millón, firmas nomás y punto». Buen hombre, buen conversador. No era matón. Era viril, buen defensa. No le tenía miedo a nada, le entraba a la jugada en forma franca. Nunca cuidó sus piernas, era un fierro.

Ramón Mifflin, gran jugador cerebral. Estuvo en Racing Club de Argentina, en el Santos con Pelé. Qué lujo. Después en el Cosmos, un equipo de otro planeta, alternando con Franz Beckenbauer, el italiano Giorgio Chinaglia, Paulo César, por citarte algunos. Fue campeón con Cristal en los años 68, 70, 72 y 79. Yo conversé con Jorge Coquis, otro gran dirigente, para que lo contraten. Un día Jorge me dijo: «¿Cristal necesita un mediocampista?». Yo, como periodista, había seguido la campaña del Centro Iqueño. «Ahí lo tienes, es buenazo», le dije. Y lo contrataron.

Alfredo Quesada, que era inteligentísimo, una ecuación geométrica de primer orden. No se parecía a nada. Qué manera de jugar, vistió de frac al fútbol. Flaquito él. Si hubiera tenido unos cuantos kilos más, olvídate, hubiera estado jugando en otros niveles, en otros países, porque categoría futbolística tenía y le sobraba. Vistió la celeste por más de 30 años, y fue campeón en los años 70, 72, 79, 80 y 83.

Roberto Mosquera, cuyo apellido tiene estirpe. Su papá, Alfredo Mosquera, era capitán del Tabaco. Su tío Vides campeonó en el 56 con Cristal. Pero de la familia Mosquera, Roberto fue más vivaz, más rápido por su capacidad mental. El mejor. Jugó en Talleres de Córdoba y en Deportivo Cali. Fue bicampeón con Cristal en el 79-80.

Horacio Baldessari, un jugador que dominaba el área, amado por la hinchada. A pesar de haber estado poco tiempo se identificó plenamente con la barra. Su aporte fue mayor fuera de las canchas. Logró que el aficionado sea hincha y que el hincha sea fanático de Cristal. Pocos jugadores logran eso. Hasta ahora lo corean. Fue campeón en el 91.

Roberto Palacios. Qué tal coraje, qué tal fuerza para disparar todas las virtudes que tiene. No se chupa ante nadie, a pesar de su contextura. Esas son las contradicciones, las grandes paradojas que se dan en determinadas disciplinas deportivas. Se dice que uno es buen basquetbolista cuando pasa los dos metros de altura o más, pero quizás no puede saltar, se confía en la estatura. Un chato que tenga buen lanzamiento puede ser más eficaz. El Chorrillano era eso. Qué manera de disparar, un maestro en los tiros de media distancia. Por algo lo admiró Ecuador. Campeonó con LDU. Hoy podemos decir que el ascenso del fútbol ecuatoriano se debe de alguna manera a la presencia de elementos con tanta capacidad como él. Ojalá retorne al Cristal. ¿Te imaginas su aporte? Sería inmenso. Cristal lo necesita, es el último mejor 10 del club. Fue campeón en los años 91, 94, 95 y 96.

Julinho, que costó una baratura cuando vino y acabó valiendo una fortuna. Fue un gran jugador, como lo es todo brasileño. Tiene una hinchada tremenda, no tiene anticuerpos. Debe de ser el jugador más querido del Cristal por otras hinchadas. Él es humilde, tú lo ves y sabes que va a tener una buena respuesta para lo que le pidas. Jugaba como amateur. Qué tal amor por la camiseta. Jugó tanto como amateur que acabó siendo un profesional muy responsable. Llegó a la selección, fue subcampeón de la Libertadores en el 97, tricampeón 94, 95 y 96, y campeón en el año 2002.

Jorge Soto, el goleador histórico con más de 145 tantos. Ya lo pasó al Jet Gallardo. Qué irónico suena. Un jugador bárbaro, con un tranco tremendo. Muchas veces se ha puesto el equipo al hombro. Fue tricampeón 94, 95 y 96, subcampeón de la Copa Libertadores 97, campeón 2002 y 2005. Con Quezada son los jugadores que más títulos han obtenido con la divisa celeste.

Esos son para mí los ídolos del Cristal. ¿Sabes por qué no considero a Flavio Maestri? Porque no acabo de comprenderlo. ¿Qué cosa habrá pasado? ¿Cuál será la parte íntima? ¿De qué manera se habrá producido algún conflicto, algún maltrato? El factor dinero no creo que sea problema para él. Estoy tratando de escrutar, ojalá nos despeje la incógnita. No fue bueno que Flavio no regrese a su casa, donde lo trataron bien no solo a él, sino a su familia. Si no me equivoco, su hermano jugó en las divisiones inferiores. Uno no debe ser ingrato, su única casa debió ser Sporting Cristal. Mira, tienes el ejemplo de dos figuras actuales: Roberto Palacios y Jorge Soto. Todos sabemos que la señora madre del Chorri siempre quiso que juegue en Alianza y que el hermano de Jorge, José, fue intermediario para que este pase al Alianza Lima. Ellos, muy respetuosos, agradecieron el gesto de que otra institución reconozca el valor de un jugador celeste, pero date cuenta: ellos en Cristal son ídolos y en cualquier otra institución serían un jugador más. Te podría citar al Flaco Quesada, el ejemplo más claro de fidelidad. Hay futbolistas que jamás van a aceptar el divorcio. Si me casé con una institución, voy a ser leal, fiel a la divisa, a esa entidad que me dio el primer pan, y que permitió llevar seguridad a mi hogar. No se puede pagar con ingratitud cuando se recibe un beneficio. En ese sentido, Flavio está totalmente equivocado.



¿Cristal tiene tradición?

-Ya tiene tradición, la sigue generando todos los días. Parte de esa tradición es la revista que ustedes editan con sacrificio, con esfuerzo. No cualquier institución puede decir «yo tengo una revista». Ojalá que siempre dispongan de un respaldo. Tradición claro que tiene. Voy a hablar de Chabuca Granda. Ella quiso hacer un himno para Cristal. Creo que quedó listo, pero lamentablemente no se pudo conocer. Chabuca, una figura señorial, bajopontina, siempre amó al Cristal. Otra figura que habló mucho de la tradición cervecera fue este gran amigo y periodista Jorge Andrade Belaúnde, que decía: «Cristal nació en cuna de tradición. Fue cobijado por el cerro San Cristóbal, la Alameda de los Descalzos, el Paseo de Aguas, la Plaza de Acho». A esto se suman sus 15 títulos y 14 subcampeonatos. Por eso Cristal hoy en día sabe llenar estadios.



¿Cuál es el momento más importante en la historia del Sporting Cristal?

-El subcampeonato de la Copa Libertadores de 1997 y el tricampeonato 94, 95 y 96. De esos años rescato a Sergio Markarián, un gran entrenador. Ojalá vuelva al Rímac, pero para hacer un trabajo planificado. Seguro que con él campeonamos en la Libertadores. Es un gran estratega, te arma el equipo con lo que tiene. Por eso le decían mago: sacaba un conejo de la galera y ganaba los partidos. Qué jugadores los de esos años: Julio César Balerio, Nolberto Solano, Martín Hidalgo, Jorge Soto, Roberto Palacios, Julinho. Qué equipazo la llamada Máquina Celeste.



¿Qué es para usted el Sporting Cristal?

-Eso tiene en mí una variada connotación. Desde el punto de vista periodístico, significa saber que existe una institución modelo en el país. Luego, en lo personal, ser hincha del Cristal también significa haber conocido a mi esposa bajopontina, haber vivido más de 25 años en el Rímac, el haber conocido a tanta gente buena como los esposos Bentín, haber conversado con tantas generaciones de jugadores rimenses. Mi corazón es celeste. Apareció un Christian Barnard y me hizo el trasplante. Ahora respiro, trajino y sudo Cristal.

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