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(Torneo de Verano) La crónica del San Martín – Sporting Cristal

(Foto: Depor)

Por Manuel Araníbar Luna

Venían golpeados, vapuleados por los memes y las críticas (adversas y locales), se sabía que el rival, pese a tener el promedio de edad más bajo del campeonato (¡20.5 años!) venían invictos y juegan un fútbol moderno  con  velocidad, juego en conjunto, ataques frontales. Era una buena oportunidad para medir el estado psicológico de los celestes al jugar en su cancha (aunque hoy fueron visitantes).

¿DE QUÉ LOBA ME HABLAN?
El Comandante no quería pasar otro mal rato y, contra lo que todo el mundo sostiene a unos días del duelo contra Lanús,  pone  el equipo titular de hace varias fechas. Ordena  que los celestes salgan con todo a la bonita velocidad de 80KPH sin imaginar que los santos arrancan a 100. Los bajopontinos se sorprenden de la velocidad desde el mismo instante que un marfileño llamado Ke Loba hace trizas al Real Madrid. Por ese lado también se carga Chuchito, y más tarde otro chibolo Concha, que se metía por ahí con toda la chacón del mundo. Difíciles momentos en el Gallardo. Los primeros quince son de zozobra porquefafalta orden, disciplina y armado. Y es que a Calavera lo tenían como mariposa de colección, A Josepmir lo ahogaban,  a Gabo, que es tan espeso para hostigar, lo tenían  picoteado por todos lados, y a Ema no lo dejaban resollar. Pero quedaba un as bajo la media, y ese era Jair que se comenzó a proyectar como suele suceder cuando amanece quimboso. Al recargarse por ese lado y jalar marca, Josepmir quedaba suelto y recién se pudo armar el rompecabezas, más que triangulando, haciendo el traslado más directo, sin mucho chiche (porque los blancos tampoco los dejaban pichanguear).

EMA VUELVE A MOJAR
Recién a los veintitantos se sueltan las marcas. Gabo vuelve  a ser el cargoso de siempre. Jair nos hace recordar sus anteriores proyecciones cimbreantes y comienza a mandar centros venenosos. Uno de estos rebota en Josepmir cuyo patadón revienta el poste, ¿y adivina a quién le cae el rebote? A un depredador como Ema que la dispara pero una mano blanca la desvía. Penal, y retírense porfa. El arquerito Duarte ya lo ha visto disparar a la derecha en sus anteriores penales, pero Emanuel sabe que le tienen chequeados sus disparos. Esta vez le cambia de dirección y Duarte agarra aire. Uf, uno a cero bien laborioso.

Cinco minutos después, ¡Huy, Chuchito!, un centro venenoso desnuda la poca coordinación de la defensa celeste. Chávez la empuja ante la vista y paciencia del Real Madrid, del Pato y del Chancho (que lo habilita). Uno a uno, y los albos siguen cargoseando. Ya muriendo la primera etapa, Jair vuelve a meter uno de sus centros tóxicos. La peina Pachequito y el rebote le cae a Herrera (pareciera que tuviera imán) que la para de pecho, quiebra a uno y la dispara entre un laberinto de piernas, el qrquerito se estira y la desvía pero cae a los chimpunes de Pachequito. La nariz de Salas se pone roja:

-¡Vamo, Fernando, pu,  Y si no la metes, la próxima te atornillo a  la banca y pongo a Olivares, pu!

¿Y qué le queda a Fernando? Meterla, nomás, porque lo más difícil era desviarla. 2 a 1.  Fernandito se sacude la sal, besa  sus huairuros y llena su chimpún con agua de ruda. Y estas cábalas  le facilitan las cosas a los cerveceros. De inmediato el inexperto árbitro le muestra la roja a un blanco gracias al informe confidencial de Piki, porque a Villegas se le habían quedado la libreta y el lapicero en el camarín.

UNA MANO DE PLÁTANOS
Y se le viene la noche a las 4.40 de la tarde a los santos. Cristal se aprovecha. Si en el primer tiempo Jair era el cargoso, en la segunda etapa quien se lleva las palmas es Gabo. El Cabeza de Yunque presiona por un lado, cargosea por el otro, la pelea por el centro, arma juego desde atrás, se da maña para meter centros venenosos, aguanta enpujones y jalones por la derecha y manda un centro. El hombre Imán, Herrera, tuerce todo el tronco para impulsarse y mete un cabezazo que deja sin chances al arquerito (no te equivoques, ¡Duarte es el tercero de la sele!). El Teniente Tanque se cuadra y saluda al Comandante. 3 a 1, y recién viene algo de tranqui al equipo, aunque valgan verduras, medio gol fue de Cabeza de Huevo.  Entra Loba por la Calavera y los celestes, después de tanto sobresalto recién hacen la pausa que refresca, gracias a que  hasta ese momento este equipito de diez jugaba como si siguieran siendo once. ¿Y luego? Los celestes bajando la velocidad y refrescando líneas, los blancos rezándole al santo de la escoba. Pero Cabeza de Huevo, como buen oriental, nació cargoso, sigue mandando encomiendas al área chica. Treinta segundos después, una de ellas la manda a la olla. Josepmir que viene por el centro se manda un carrerón, fusila al pobre arquero santo y hace un baile mitad reguetón, mitad salsa. 4 a 1. Y esto ya es un abuso. No sean malos, pues, con tres bastaban.

NO HAY LOBA MALO
Pero había un jugador que estaba saltón. Era Loba. Su casi tocayo, el marfileño Aké Loba, a quien doblaba en edad, se había jugado un partidazo. Y Loba quería dejar constancia que no hay Loba malo. Ya había fallado un gol, y como dice el antiguo refrán:

Vamos Loba, hazte una treta
para que Gabo la meta

Y le manda un pase en callejón al Gabo que la cucharea con la zurda por encima de Duarte, haciéndole la mano de plátanos, el quinto gol con la zurda. Bonito gol, y merecido porque para un jugador cargoso no hay mejor premio que meterla, y si no la mete, por lo menos se consagre con un pase-gol. Ya Cabeza de Pepino había dado dos pases-gol, y ahora se merecía su golcito. Vamos Gabito,  pase usted por caja y cobre su bono, que se lo merece. Villegas, aburrido de tanto gol en una tarde,  sopla la vuvuzela y dice chau. Buenas noches.

CODA
Hay hinchas de todo tipo. Los que exigen ganar por goleada, los que le ponen peros a todo, los que sepultan a un jugador cuando no la mete. Claro, uno no va aplaudir ni aceptar troncos, cojos o jugadores que llegan quemados. Pero no podemos lapidar a jugadores que recién aparecen. Todos los años no va nacer un Aquino, un Uribe, un Quesada de las canteras cerveceras. ¿Por qué lo decimos? Porque queremos creer que las pifias que escuchamos contra Pacheco salieron del lado de la hinchada de los santos. Pero no, algunos hinchas celestes lo hicieron, salvo que se hayan intercambiado camisetas. En todo caso, no les ligó la pifia contra Fernandito porque la metió. A estas horas ya lo deben haber bautizado –mínimo- con una rapada dn diagonal por haber ingresado al club de los anotadores.

 

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