Carta a un amigo celeste

 

Por Abelardo Sánchez León

Aprovecho, querido Toño, ahora que me has hecho una llamada, para conversar sobre la final de nuestro torneo de fútbol, ahora llamado Liga 1 – Betsson. ¡Ni idea debes tener de qué significa Betsson! Son unas apuestas que no solo se llevan a cabo antes de los partidos, sino durante, paralelamente, que se va armando sobre la marcha, de acuerdo al desempeño de los jugadores y al resultado parcial. Porque goles van a haber, Toño, goles van a haber en este duelo Cristal-Alianza. Como bien sabes se han jugado los primeros 90 minutos y les vamos ganando 1 a 0. Parece mentira, pero es así. Mosquera dice que ellos ganarán en los otros 90 y habrá, porque goles van a haber, penales. ¡Nos vamos a los penales, Toño!

Sé que eres hincha del Cristal por su lado institucional, serio, profesional, y sé que a ti te gusta lo establecido antes que lo popular, que en el fondo lo confundías con lo populachero y lo informal. ¿Te acuerdas? Al final, me dijiste que te gustaba trabajar en la Cancillería, dirigir su Centro Cultural, intercambiando opiniones con los diplomáticos, siempre de terno, vestido de cuello y corbata. La Cancillería era institucional. Los diplomáticos eran institucionales. Su Centro Cultural era institucional y todo se guiaba por el severo universo de las formas. Así es el Cristal. No como el Alianza, el equipo del pueblo, su corazón, pero hecho de tripas corazón: no han ganado nada, no han llegado a una final como ustedes en la Copa Libertadores. Mucho pueblo y pocas nueces. Así pensabas y así piensas, querido Toño, y por eso te encanta no ser ni del Alianza ni de la U, sino hincha de un club modelo, que paga puntual, que no contrató nunca al díscolo Kukín, que fue el primero en tener un gerente deportivo, que forma a los muchachos en su cantera, y que siempre, desde que es Cristal, contrató a extranjeros que marcaban la diferencia.

Me decías, recuerdo, que por qué era hincha del Alianza si mi tío Belisario había sido médico de Universitario e hizo jugar al “Muerto” González que tuvo una seria triple rotura de huesos. Como que no iba conmigo ser hincha del Alianza. Pensabas que ese club, tan demasiado popular, le faltaba ese toque de modernidad. Venía de una dirigencia opresora y opresiva, muy tradicional, que ni siquiera hacía contratos a sus pobres jugadores. ¿Sí o no? Te encantaba la institucionalidad del Cristal. No tiene esas deudas pendejas de Universitario y el Alianza, esas deudas gigantescas. Y me dices que ese Fondo Blanquiazul llega demasiado tarde, metido como un fantasma blanco en las arterias de Matute y Mendocita, en ese distrito tan popular como tradicional, que viene de línea directa de doña Victoria, cuando Lima se urbanizaba, una aristócrata al fin y al cabo, en esta ciudad de neblina y nostalgia. ¿Sí o no?

Pero ni creas, me decías, que soy un niñito bien, de cuna de oro, de tus barrios. Yo tengo mi lado popular. Eso lo defendías siempre. No eras un izquierdista convencido, pero no eras ni pituco ni de nariz respingada. Te gustaban los cuchitriles cerca al mar, te gustaba el mar, aunque no nadaras como los bacanes. No eras ni blanco ni cholo, tiro para lo moreno, decías. Tampoco soy zambo, medio encrespado y alto, eso sí. Alto, que en el Perú significa que has comido bien de mocoso, y eso tiene su prestigio. En el Perú la gente cree que si eres alto eres inteligente. ¡Manya! Y te recuerdo, me decías, que el Cristal antes fue el Tabaco. El Sporting Cristal Backus antes fue el Sporting Tabaco. Y yo he sido un fumador empedernido. Pucho tras pucho como chino en quiebra. Lo de Tabaco venía de la Tabacalera, también institucional, pero con lo de la Backus la cosa se puso más fina. El club subía de categoría. Se ponía acorde. Y en lugar de mecenas, tuvo una madrina. Tuvo su hada madrina y ahora me han dicho, me lo dices medio apenado, porque también tienes tu corazoncito, al Cristal lo han comprado varias instituciones en diversos momentos y ahora no sé bien en manos de quién está. Pero nada que ver con el famoso y pomposo Fondo Blanquiazul que no bajó a segunda por vara, eso me han contado varios hinchas por este barrio, que aquí también, te diré, hay los del Cristal, los cremas, los grones y los del Boys. Acá también nos agarramos.

No me importa, me dices, que seamos un club cosmopolita, plagado de extranjeros. Ni que en el Perú abundara los jugadores de calidad. En el 56, cuando subimos como Cristal, campeonamos con tres charrúas: Pini en la defensa, y dos delanteros: Zunino y Antonio Sacco. También nos jalamos a Vides Mosquera. Y a Toto Terry. Y después nos jalamos a Chumpi. Y también a Juan Carlos Oblitas. No nos importaba. Cuando llegamos a la final de la Libertadores hubo como cinco extranjeros, incluso un africano. Ese es el Cristal. Moderno, práctico, eficiente, serio, puntual en sus pagos, con proyección en el futuro. Y si otro club, como el Defensor Lima, que pretendió imitarnos, contrataba a extranjeros, mismo Banchero Rossi, pues después lo adquiríamos nosotros: Julinho. Poderoso caballero, ¿o tienes algo en contra del dinero? Cuando vemos, desde arriba, los partidos de la Champions, lo que menos importa es la nacionalidad de los jugadores. Es un verdadero zafarrancho de países, y a nadie le importa. Me han dicho, además, que uno del Cristal juega de suplente en la selección: Calcaterra. Pero también tienes a Advíncula y a Marco López. ¡Y a Yotun! ¡No te me pongas velasquista!, me dices irónico, fumándote esos cigarros del Sporting Tabaco, uno tras otro, no te me pongas nacionalista, porque Velasco de haberle dado permiso el arquero hubiera sido Ballesteros y no ese muñeco que era Uribe, que no era el Diamante. Porque en el Cristal las chapas son joyas.

Toño, le digo, no me has dejado hablar como es tu costumbre. No has cambiado nada, pero nadita, pelona. Eres el mismo. Ese Toño parlanchín, brillante como un diamante, de palabra rápida, de gambeta, que parecías del Alianza, a veces, solo a veces: Félix y su hermano Chupón; el reflexivo Chocolatín, el León del José Díaz; y ahora, para los mocosos, la dupla Paolo y Farfán. Y Gallardo, ruges. Y el Chorrillano, reclamas. Y el doctor Campos. ¿Asca o Bazán? ¿Cueto o Quezada? Te matabas de la risa cuando una vez nos vieron discutir furiosos. Será que discuten de literatura, decían, será que no les gusta esa o tal antología. No. Te encantaba decir que nosotros hablábamos de plata, de cuánto te falta, o de fútbol. Como dos mocosos discutíamos cómo Baylón puso en la banca al buen Del Castillo o cómo Valeriano era más famoso que Maestri.

Conversamos el próximo domingo, Toño. Si no me llamas, lo hago yo. ¿Sigues viviendo en Roma? Digo: en la calle Roma. Porque, valgan verdades, eres uno de los pocos que ha muerto en su barrio, en su calle, en su casa familiar, en su cuarto de soltero, en su misma cama de adolescente. Eres un lechero, Toño. Mucho Londres en tus poemas, mucho Cuba, mucho viaje a dedo a Florencia, mucho profesor enseñando en Cannes, para morirte en Miraflores y en tu cama de joven. ¿Quién es más moderno, caray, quién es menos tradicional, tú o yo, Cristal o Alianza? Lo que sí sé es que en la próxima Libertadores nos van a eliminar del saque, como suele ocurrir. El Perú no está en pañales, que bien antiguo que es, el Perú es un país adolescente y mientras lo sea, nos hará mucho bien hablar de fútbol, de ese Cristal-Alianza que nos tiene a todo el planeta, en pindinga durante una semana. Quien campeone, llama. No te me vayas a correr. Es solo fútbol, Toño. Toda la poesía, toda, o casi.

Publicado: Revista Digital Sudor 23/Noviembre/2021

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