Entre telas y periódicos viejos

Por Óscar Siu Mori

Mi memoria nunca guarda hechos completos para recordar, siempre son imágenes descontinuadas, como fotos que van pasando como diapositivas de instantes vividos. Así es como sobreviven en mi mente situaciones tan lejanas de mi niñez, pero que vale la pena no olvidarlas.

Fue un día cualquiera, es más que probable que haya sido en verano porque recuerdo un sol impresionante y, al ser en esta época del año, yo estaba en casa por las vacaciones. Debe haber sido pasado el mediodía y yo, como casi siempre, estaba en la sastrería de mi abuelito Juan (Q.E.P.D.), que se ubicaba en la esquina de mi casa.

No sé cómo llegaron aquí, solo me acuerdo que estaban dentro de la sastrería conversando. Prácticamente, no retengo en mi memoria casi nada de la plática entre Mario Moncada y un muchacho delgado que no conocía. Solamente, recuerdo que Mario le dijo que “por acá había un montón de hinchas de Cristal, pero que muchos eran chibolos”. Y vi una hoja encima de la mesa que, después, supe era de una lista de nombres que Mario le había dado a ese muchacho. Una lista larga con todos los simpatizantes de Cristal que Mario conocía.

Y así es cómo empezó la historia de la barra popular del Sporting. Claro, eso lo supe después también, con gente que iba de barrio en barrio, donde sabían que había hinchas celestes para fundar lo que más tarde sería una de las hinchadas más importantes y numerosas del fútbol peruano.

Luego, mi frágil memoria pasa a la siguiente diapositiva, y me encuentro en un sábado por la noche. Mis padres no estaban en casa. Y tengo la imagen grabada de mi hermano Orlando sentado frente a la máquina de coser de mi abuelito y las telas celestes y blancas que caían al piso, también recuerdo a “Carlitros” Milla y a nadie más. Sí había más gente allí escuchando música, pero no me acuerdo quiénes estaban.

Y si en la sastrería mi hermano y algunos amigos estaban haciendo las banderas, en el comedor de mi casa, otro grupo, el de los chibolos, estábamos picando papel periódico y llenando costales y costales de diarios viejos recortados en cuadritos. Sentía algo especial al estar allí, recuerdo al “Loco” Fernando, al “Cojo” Paúl y paro de contar. Y por supuesto que había más gente, pero mi traicionera memoria no puede llegar a más.

La Barra Popular estaba fundada y el campeonato descentralizado a punto de empezar, y el día anterior al debut del Sporting Cristal, esto era lo que pasaba en mi barrio, en mi casa, en mi memoria. Jóvenes hinchas se preparaban para su “debut”, era lo que todos estaban esperando, tal vez, en otros barrios, en otras casas y en otras memorias, los recuerdos son los mismos.

Tenía 8 años, por mi hermano, mi ídolo era Francesco Manassero, cuyo póster estaba pegado en la pared de su cuarto, encima de su cama. Nunca lo había visto jugar, en esos años los partidos no eran televisados en vivo, pero si Orlando me decía que él era mi ídolo, yo no dudaba que así lo era.

Al día siguiente, el domingo, yo estaba emocionado. Muy temprano en la mañana, mi hermano y sus amigos se habían reunido en la calle, había comprado cañas para las banderas, los costales de papel picado estaban listos, los contómetros también estaban en la mochila. Todo quedó listo para la primera aparición de la recién fundada barra del Sporting Cristal.

Recuerdo ver a “Carlitros” en medio de la pista flameando una gran bandera de cuadros celestes y blancos, se me puso la piel de gallina. Empezaba a emocionarme por estos colores y sentía las primeras cosquillas en el estómago que, en ese tiempo no sabía qué significaban, ahora lo sé, eso era y es AMOR por el Sporting Cristal.

La historia es conocida al día siguiente, Cristal jugó en el “Gallinero”, le ganó 4 a 1 al Hijos del Yurimaguas con goles de Maestri, Briceño y la “Pepa” Baldessari. Lo que yo recuerdo, es que salí a la puerta de mi casa de ese domingo por la tarde, y vi que desde la avenida Próceres en el Rímac, un grupo numeroso de jóvenes guerreros había regresado de la primera batalla.

El que ahora es el Extremo Celeste había nacido para todos, hinchas y simpatizantes afines, y para los de los otros equipos. Paradójicamente, la primera vez fue en el estadio de la hinchada enemiga, y no fue en la popular, sino en Oriente que los primeros cánticos llenos de sentimiento y pasión se escuchaban, las banderas colgadas en las rejas y otras yendo de un lado hacia otro, como avisando que algo grande había llegado, los periódicos viejos esparcidos por toda la tribuna y los contómetros tirados en la cancha.

elportalceleste.com

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