La sangre llama y el corazón responde

Por Óscar Siu Mori

Tengo recuerdos vagos de en qué momento, exactamente, me hice hincha de Cristal. -Porque todos los hinchas se hacen, nadie nace simpatizando con ningún club. Esa es una mentira tan grande como la independencia del Perú-. Sin embargo, sí recuerdo a mis tres hermanos tratando de convencerme para hacerme aficionado a sus equipos. El mayor, Iván, es hincha de Alianza, el que le sigue, Orlando, del Sporting y el último de Universitario, su nombre es Erick.

El año debe haber sido 1990 o 1991. Tenía unos 6 años y el fútbol todavía no era gran cosa para mí. Es más, ni siquiera recuerdo qué cosas me gustaban hacer. Y muchas veces, bromeaba con mis tres hermanos. En voz alta decía: “yo soy hincha de Alianza”. Y luego, le decía al otro en la oreja: “de mentira no más, yo soy de la U”. Y así con todos.

Mi casa era grande, pero convivíamos tres familias. Inclusive, uno de mis primos es hincha del Muni. Así de futbolera es mi familia. Además, mi viejo que es hincha de Alianza, jugó en algún momento de su juventud en el Municipal. Como familia numerosa que éramos, la mía vivía en el primer piso, y en dos cuartos entrábamos siete personas. Mis viejos, mi hermana y yo en uno, que en realidad era la sala dividida en dos con un tripley. Y en el otro, mis tres hermanos.

El cuarto de ellos parecían las tribunas del Estadio Nacional con las tres barras en el mismo partido. Por su lado, Iván y la pared llena de posters de su equipo (recuerdo haber visto a todo el plantel de Alianza desaparecido en el mar de Ventanilla encima de su cama). Al frente, Erick y los jugadores de Universitario. y Orlando, claro, con el equipo completó de Cristal. Hasta ese momento, no definía me elección por ninguno, y no tenía idea si lo haría alguna vez.

Hasta que, sin darme cuenta, el color celeste me fue jalando y jalando y, un buen día, desperté y dije: “Soy hincha del Cristal”. Recuerdo haber sentido algo muy extraño. Como cuando, años más tarde me desperté igual y dije: “Terminé el colegio”. Y como muchas otras cosas nuevas que empiezan en la vida de cualquier persona. Así amanecí un buen día, soy celeste y lo seré hasta la muerte (y solo digo hasta la muerte, porque no creo que haya vida después de esta).

Para 1991, y de este año sí estoy seguro, ya era hincha del Sporting Cristal. Y mis otros hermanos, el del Alianza y Universitario ya empezaban a molestarme. “Que su barra son cuatro gatos, y cuando hay broncas, arañan”, decía uno. “Que los jugadores de Cristal son hinchas de otros equipos”. Y así trataban de convencerme para cambiar de equipo. Pero, ya me había decidido. Y desde muy niño me di cuenta que, casi siempre daría la contra en todo. Y, mientras más razones me daban para cambiar de hinchaje, más hincha me hacía.

Además, no era cierto lo de los cuatro gatos, porque cuando salía a la calle a jugar con mis amigos, la mayoría era hincha del Cristal. Recuerdo a Sergio (que hasta hoy va al estadio), Miguelito, a quien casi siempre me lo encuentro en la cancha, Hebert, Pepish (ahora en Italia) “Chachito”, con quien sigo yendo a ver a la celeste, Paúl, “Kikín”, su hermano Willy, el “Loco” Fernando (estos últimos, excepto Willy, estaban en la barra popular hasta hace unos años atrás, bajaban con la gente de Pizarro).

También estaban los más viejos, quienes estuvieron en la barra desde su fundación en 1991. Mi hermano Orlando, el “Loco” Sandro, Tenorio, el “Churre”, “Carlitros” Milla, Dalín, hermano de Paúl, Mario, el “Gordo”, de quien no sé su nombre, pero hay veces me lo encontraba en la barra en el 2001. Y muchos más, de quiénes no me acuerdo en este momento. Pero que también participaron de la barra en sus inicios. Y a quién llegué a conocer de esos que fundaron el Extremo, pero que, seguramente no se acordará de mí, fue a “Peloduro”. Personaje muy conocido en la historia de la barra popular, y que venía a mi casa a buscar a mi hermano para entregarle las entradas de los partidos. Recuerdo que en esos tiempos los boletos sobraban. ¡Esos tiempos!

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