Momento decisivo

Por Aldo Alvarado Hinojosa

Corría el año 1979. Yo ya era asiduo oyente de las transmisiones de los partidos de fútbol, en radio El Sol, y amaba a la celeste. En años anteriores ya me había enamorado del Sporting Cristal. Tenía mi álbum de figuritas donde veía a Eloy Campos, Del Castillo, Velita Aquije, Fernando Mellán, etc. Todos con camiseta azulina, short blanco y medias blancas, tipo «toalla».

A mi papá siempre lo oí hablar con mucho cariño del Cristal, y antes del Tabaco. Él era rímense, igual que mis tíos Perico y Alejandro, hinchas de la celeste. Era de suponer entonces que yo también sería hincha.

En el colegio, cuando se hacían los equipos de fútbol, se escogía entre Universitario y Alianza, y yo siempre quedaba afuera, ya que era del Cristal. Sólo me acompañaba mi amigo Óscar Carrillo, que también era celeste.

Oía los partidos en la radio, vi cómo campeonábamos en el 79 y 80. Gozaba con partidos en Copa Libertadores. Seguí aquel robo en el Monumental de Núñez, cuando River Plate, de mala manera y con ayuda del árbitro, nos volteó un 2 a 0. Tarantini, por cierto, hasta ahora está buscando al gran Roberto Orlando Mosquera Vera. En el 83, un partidazo de Coqui Hirano, cuando en la esquina de Sur con Occidente rompió a la defensa crema y definió para gritar un gol inolvidable. Mi radio «pollito», que en realidad era de mi hermana, casi termina en el parqué de tanto manotazo de felicidad. Ese año también campeonamos, con César Cubilla de director técnico, y con figuras como Juan Caballero, Coqui Hirano, Cucaracha Mora y la Chancha Valdettaro en el arco.

En 1985, apareció un personaje de Universitario llamado Chamuco Eugenio, que literalmente le rompió la pierna al celeste Enrique Boné, y lo retiró del fútbol. De repente, ya con 19 años, empecé a asistir a la barra del Cristal, en donde encontré hermanos como Arturo Kikuyama, Pablo Merea Vidalón, César Vásquez, Miguel Ángel Medina Fernández, y muchos más. Supe que todos pensaban, como yo, que todos los partidos debían ganarse, pero que ganarles a las Chicken Nuggets —llámese equipo crema— tenía otro sabor, otra connotación. Y supe después que, para la hinchada de esa granja, el sabor era el mismo.

Muchas veces llegaba a la universidad luego de haberles ganado, y junto con el Coyote Gílmer Moreno y mi hermano Carlos Enrique Quenaya Riva, entrábamos al salón triunfadores, pero tranquilos y sin sarcasmos, respuesta muy diferente a cuando ellos nos ganaban y recibíamos todas las burlas de la promo. Entonces analicé las razones por las cuales Universitario y sus hinchas nos tenían cierta animadversión. ¿Podría ser que en el 79 varios exjugadores cremas, llámense Eleazar Soria, Chumpi, Percy Rojas o el mismo Oblitas, prefirieron venir a la SC? ¿O que muchas veces ya empezábamos a «quitarles» nuevos hinchas a costa de nuestras actuaciones? La prensa siempre dedicaba ríos de tinta cuando ellos ganaban y, cuando nos tocaba a nosotros el triunfo, nunca informaban con la misma magnificencia.

Más adelante apareció un personaje grotesco y pantagruelesco, malcriado y prepotente, que a pisotones llegó a ser presidente de Universitario, ninguneando a señores dirigentes como Nicolini o Echevarría, un personaje tristemente célebre que inundó de violencia las tribunas, llenando al hincha del gallinero de animadversión hacia nosotros. En 1991, luego de que le ganamos un partido en el Lolo Fernández, con volteada y todo, mandó quemar el bus con el equipo completo del Sporting Cristal adentro. Eso hubiera sido una tragedia, pero los bomberos pudieron contener tremendo atentado. Esto a mí no me lo contaron, yo estuve ahí, junto a Quenaya, amenazados por barristas cremas con cuchillos por gritar un gol del Cristal en su tribuna Sur (el Lolo no tenía Norte). El segundo gol lo tuvimos que gritar para adentro.

En otro momento, siempre azuzados por ese personaje obeso y malcriado, la barra manchera de ese equipo me correteó junto a dos hinchas más (ellos eran como 30), simplemente por estar esperando entrar a la tribuna Oriente y haber llegado tarde. Nosotros, a punta de correazos y hebillazos, supimos defendernos, terminando incluso en la comisaría de Petit Thouars por haber participado en una mecha y defendernos del abuso de ellos. En un costado del calabozo estaban las Chicken Nuggets, asustadas y llorando, y yo renegando de no poder ver mi partido por culpa de ellas, hasta que mi hermano —celeste también—, Abraham Augusto Alvarado Hinojosa, que era mayor médico de la policía, nos sacó de la comisaría a mí y a los otros dos hinchas. Yo estaba con mi jean lleno de betún, por tanta patada recibida por parte de los policías. Me escapé de mi hermano y volví al estadio, para ver ganar a mi celeste 2 a 0, con goles de la Tuta Redher. Ese día vinieron dirigentes del Real Zaragoza para ver a Francesco Manassero y terminaron llevándose a la Tuta.

Espero que nunca más haya Pantagrueles en las dirigencias de fútbol. Ya nadie los recuerda.

¡Salud, Cristal!

elportalceleste.com

4 comentarios en “Momento decisivo

  • el noviembre 22, 2020 a las 11:37 am
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    eSCorazon celeste, la ma’s Grande institucion deportiva del Perù!!!!!!

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  • el noviembre 22, 2020 a las 12:15 pm
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    Hola..muchas gracias por el articulo, sin duda parte importante de su vida… escuche al artista Antón en un video entrevista que los del Zaragoza vinieron a Perú a verlo a el…pedido del propio entrenador. Pero los nefastos López Caballero no lo pusieron , dejo entrever que tenían un japanaja con el Tuta..Gracias

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  • el noviembre 22, 2020 a las 12:27 pm
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    Grandes recuerdos, parece que lo hubiera contado yo mismo pues parece que estamos en la misma generación. A partir de los campeonatos de 79 y 80 con ayuda de la transmisión de partidos por TV las revistas como Ovación o programas como Gigante Deportivo, la celeste empezó a tener más presencia como club serio, de resultados y sobretodo dejando bien puesto al Perú cuando le tocaba.
    El distanciamiento con la vocal creo que proviene más de la envidia, Cristal no era la primera vez que contrataba jugadores de ese equipo (muestra Challe o Toto Terry) pero NO se los quitaba, la mayoría se iban al extranjero y al volver preferían estar en un club que los trate bien, les pague a tiempo y que logre resultados, cosa que hacía arder la tienda crema.
    Para los 80s no tuvimos los mejores resultados pero nos cansamos de hacer buenos partidos y mostrar jugadores de calidad en el torneo como los citados Caballero, Hirano, Pedrito Ruiz, etc.
    Lo del 91 en el gallinero mayor fue la gota que terminó por firmar una declaración de guerra. Una bravuconada de un hasta entonces vago cobarde panzón que instaló la violencia los estadios, hasta hacerse dirigente de su equipo para luego de robar todo lo que pudo en la venta de jugadores aprovechó las relaciones para hacerse directivo de varias empresas recién llegadas al país. Usando ese poder organizó la banda de crimínales más conocida del país y retiró a todas las familias de las canchas – felizmente ya se va olvidado donde debe quedar -.
    Qué nostalgia de esos fines de semana con tripletes, jugando la polla y leyendo los triunfos de Cristal en Ovación en las afueras del estadio.

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  • el noviembre 23, 2020 a las 9:07 am
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    Linda historia algún contaré mi historia y momentos felices con la celeste salud campeon

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