Un partido especial. Una noche mágica

Por Edwin Quintanilla Távara (@EQuintanillaT)

30 de julio de 1997. Día imposible de olvidar. Porque sigue en la retina y en la mente. Recuerdo haber terminado mis tareas más temprano de lo habitual al volver a casa del colegio. “Hoy seguimos alentando al equipo” me había dicho mi papá por la mañana. Habíamos ido al Nacional a todos los partidos que, hasta ese momento, había jugado el equipo como local (los dos partidos contra Alianza Lima, el partido contra Cruzeiro –porque, para quienes no lo recuerdan, jugamos contra Cruzeiro en primera ronda, y le ganamos–, el partido contra Gremio –que también ganamos–, el partido contra Vélez Sarfield y el partido contra Bolívar), así que correspondía ir a la cancha a alentar al equipo en el partido de vuelta.

Una semana atrás, habíamos caído 3-2 en la visita al Racing de Avellaneda por el partido de ida de la semifinal de la Copa Libertadores. Perdimos, pero la sensación que nos dejó aquel encuentro fue la sensación de que podíamos darle vuelta al resultado (en aquella época, los goles de visita no valían doble en caso de empate en el marcador global, por lo que debíamos ganar en casa por más de un gol de diferencia). Perdimos, pero se respiraba optimismo. Ese gol de Bonnet sobre el final del partido en Avellaneda nos había llenado de esperanza.

Lo que pasó esa noche es sencillamente indescriptible. Lo recuerdo como si hubiera salido del Nacional hace instantes. La salida de casa, la llegada a la tribuna, los cánticos de aliento, el hermoso recibimiento al equipo, la algarabía de un estadio completamente lleno. Y el partido… ¡Pero qué partido, señores! Un equipo que jugaba bien al fútbol, como se tenía que jugar, con la pelota al suelo, con el pase en primera. Un equipo que se defendía muy bien cuando no tenía el balón, y que, cuando lo tenía, era letal. Todo salió a la perfección ese día. Todos se lucieron. Todos la rompieron. Porque sería hasta irrespetuoso hablar de un solo jugador de aquella campaña continental y, en especial, de aquel partido. Al final, fue el resultado fue de  4-1. Goleamos y conseguimos el pase a la final.

Recuerdo que al final del partido, la gente se abrazaba de emoción y lloraba. Mi viejo me cargó y nos unimos al coro de voces del estadio que no dejaba de arengar al equipo. Ha sido, hasta el momento, el mejor partido que he visto en una cancha de fútbol. Fue una noche mágica.

Soy hincha del Sporting de toda la vida, pero es como si ese día hubiera marcado un antes y un después. Hubo un punto de quiebre. “Viejo, ¿por qué te hiciste hincha del Sporting Cristal?”, le pregunté en el camino de regreso a la casa aquel día y reiteré la pregunta hace unos días a propósito de este artículo. “Gallardo, Chito de la Torre, Mellán, Uribe, el Flaco Quesada. Ese era fútbol. Esa es mi historia”, me dijo. A partir de ese momento, a los 8 años, mi relación con la celeste se hizo más fuerte, más intensa. Yo ya tenía mi propia historia.

Hoy volveremos a enfrentar a Racing Club de Avellaneda, y aunque sean otras las circunstancias (la principal es que se trata de un partido de fase de grupos), en el recuerdo del hincha celeste está, indefectiblemente, aquel 30 de julio de 1997. El de hoy es un partido especial. La consigna es, claro está, quedarnos con los 3 puntos, como lo hicimos en Avellaneda. Pero este es otro partido y no debemos ser triunfalistas. Ahora, más que nunca, debemos demostrar de qué estamos hechos. Porque la historia nos lo exige. Porque el presente nos lo pide. Y pase lo que pase, los hinchas debemos apoyar al equipo desde el minuto 0 al minuto 90.

No puedo terminar este artículo sin agradecer a Alberto Benza por la maravillosa oportunidad de poder redactar unas líneas sobre el club de mis amores, y por la paciencia en la espera de este artículo, el cual –espero– sea el primero en el que combine el pasado y el presente en una perspectiva un tanto distinta, a mi querido amigo Ernesto Moreno, a quien conocí en el estudio de Felipe Osterling Parodi, quien fuera uno de los mejores políticos que hayamos tenido y, además, fundador de la barra del Sporting Cristal, y –cómo no– a mi viejo, por –entre tantas cosas– hacerme hincha del mejor club de fútbol del Perú.

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